Los Dones del Espíritu Santo, La necesidad de hoy,
por Harold Horton
Los Dones del Espíritu son la respuesta infalible de Dios al modernismo y al formalismo, esas dos cuerdas nuevas que siempre han atado y humillado a la iglesia de Dios llena del Espíritu. ¡Las ataduras de los filisteos vuelan como un hilo reseco ante el toque ígneo del Espíritu!
Los Dones del Espíritu Santo son una evidencia inequívoca de creencia fundamental en Dios y de una simple aceptación de su palabra inspirada e infalible. Usted jamás va a oír a los modernistas o a los ritualistas hablar en lenguas, excepto en las citas clásicas de alto vuelo o en los parloteos imitativos en latín, que exaltan la carne y engañan al pecador que busca a Dios. Jamás va a ver usted que el modernista o el ritualista sanan a los enfermos, porque o bien ignoraron del todo la ordenanza o parodian la unción señalada por Dios, al corromperla mediante el disparatado ritual de la “extrema unción” para la muerte.
¿Que hace la iglesia por el pecador o por los enfermos en la actualidad que no sea el enviar a ambos al mundo para que se las arreglen como puedan? ¿Estará Dios menos disgustado hoy, con los pastores que no buscan a la oveja perdida y que no sanan a los enfermos de lo que estuvo con los que no hicieron lo mismo en los días del profeta Ezequiel?
“No fortalecisteis a los débiles, ni curasteis la enferma, no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida” El rebaño de Dios se muere de hambre por causa de aquellos que se pacientan a si mismos. Los verdes pastos de su preciosa palabra son dañados por los pies de los críticos modernistas que los pisotean, las aguas quietas que fluyen desde abajo del santo Umbral en Pentecostés son enturbiadas por los pies de los burlones ritualistas en procesión. “Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado.
¿Qué es lo que queda para la heredad que Dios ha comprado con sangre, para su Israel espiritual, su rebaño precioso? Nada dentro de las iglesias organizadas. El avivamiento esta fuera de las iglesias hoy. Y así será hasta que Jesús venga. El avivamiento está en Pentecostés, no en los suntuosos templos en donde todavía se parodia Pentecostés, sino en los aposentos altos de las calles aledañas, en donde el poder del Espíritu Santo es ampliamente distribuido en dones espirituales y derramamiento que satisfacen el alma. ¡Contrástese los potentes milagros y señales de los Hechos de los Apóstoles con los estandartes y bandas y los pobres festejos del “Pentecostés” de las iglesias!
Pero vayamos a los despreciados salones pentecostales: allí usted verá y oirá milagros todavía; y allí hallará que las almas sedientas todavía beben del arroyo puro de la palabra de Dios, y que encuentran vida y satisfacción. La palabra pura, la salvación de las almas y los milagros son una trinidad inseparablemente unida señalada por el cielo, cada uno de cuyos miembros da testimonio de los otros dos. Lea Marcos 16: “Predicad el evangelio…el que creyere y fuere bautizado, será salvo…Estas señales seguirán a los que creen…Ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”.
La trinidad eclesiástica establecida por las sectas es la Alta Crítica, las entretenciones mundanas y la impotencia. Es únicamente la palabra pura lo que el Señor confirma sobrenaturalmente. Donde usted halle milagros confirmatorios, allí hallará siempre la Palabra sin adulteración. Una positiva ausencia de milagros, de la cual se jactan, son las señales segura que confirman la Palabra mutilada y las ordenanzas corruptas de los modernistas y los ritualistas.



